La memoria de la sangre – Vigilia ecuménica de las Memorias y las Ausencia…

Publicado el 05 de abril, 2017 por Matías Maldonado Araya

Actividades

Fecha.
Lugar.

33719979396_b540a512ff_z

Un arzobispo, militares, dólares y la extrema derecha. Un 24 de marzo, hace treinta y siete años, es asesinado Óscar Arnulfo Romero en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. Su asesino, Marino Samayor Acosta, quien recibió 114 dólares por realizar por este crimen, recibió órdenes directas del mayor Roberto d’ Aubuisson, graduado de la Escuela de las Américas y fundador del partido de derecha nacionalista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista).

Un sacerdote, un centro de detención, tortura y extermino y unas llaves. El 22 de marzo de 1997, hace 20 años, fue inaugurado el Parque por la Paz Villa Grimaldi. En ese acto inaugural se le entregan las llaves del “portón de la muerte” al sacerdote jesuita José Aldunate, cura obrero, vocero del “Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo” e histórico activista de los DD.HH.

Hace treinta y siete años, un arzobispo es asesinado en El Salvador por proclamar las consecuencias políticas y éticas del Evangelio. Hace veinte años, un sacerdote recibía unas llaves para evitar que un portón que significaba tanta muerte y dolor fuera abierto nuevamente. Un cristiano es asesinado por predicar la justicia y denunciar el odio. Un cristiano salvaguarda simbólicamente el “nunca más”.

Aquí, hoy, somos convocadas al mismo ministerio: a la palabra valiente, a la denuncia del odio y la violencia y a estar vigilantes para que los portones de la muerte que aún permanecen abiertos, se cierren, y los que se logren cerrar, no vuelvan a ser abiertos. Somos convocados justamente aquí y no en otra parte porque este ministerio exige la memoria de la sangre: la sangre vertida en sacrificio por un mundo justo, la piel inmolada, el dolor más extenuante, el exterminio. La memoria de la sangre nos impide recordar sin dolor, cual si fuera mera estadística o dato; nos impide hacer memoria edulcorada, políticamente correcta, estandarizada.

Hacemos la memoria de la sangre, nos sumamos a la tradición de miles de cristianos y cristianas que se derramaron a sí mismos contra el odio, la violencia, la codicia y la injusticia. Estemos a la altura del pasado que reclamamos. Que el Señor nos acompañe. Amén.