Müntzer: protestantismo y marxismo

Publicado el 24 de septiembre, 2017 por Matías Maldonado A.

Columnas

Existe una importante tradición marxista de interpretación del reformador alemán Thomas Müntzer (1489 – 1525). Desde el fundamental “La guerra de los campesinos en Alemania” de Friedrich Engels (1850) hasta “Thomas Müntzer: teólogo de la revolución” de Ernst Bloch (1921), pasando por “Comunismo en Europa Central en la Época de la Reforma” (1897) de Karl Kautsky, el marxismo – en un sentido amplio del término – ha interpretado a Thomas Müntzer como una expresión de las aspiraciones comunistas en la temprana modernidad europea.

El fin de la Guerra Fría acentuó la tendencia de una comprensión menos rígida de la figura de Thomas Müntzer, permitiendo abordarlo fuera de las categorías que lo hacían ya un predicador milenarista, ya un reformador social. La bibliografía contemporánea permite ver a Müntzer como un místico, un revolucionario y un visionario apocalíptico, todo a la vez [1]. Es evidente que esta forma de comprender a Müntzer presenta ventajas, pero no por ello la intuición marxista fundamental es equivocada. Es decir, hay fuertes razones para creer que la afirmación de Engels – “a Lutero, reformador burgués, opongamos a Müntzer, revolucionario plebeyo”- no está lejos de la realidad.

Quiero ilustrar esta afirmación con un solo ejemplo. En 1524 Lutero escribe una carta a los duques de Sajonia para promover la expulsión de Müntzer dado el carácter subversivo de su predicación. Los duques acceden y Müntzer debe huir de Allstedt. Bajo persecución, escribe el texto que ha sido conocido por sus tres primeras palabras: “Defensa bien fundamentada y respuesta contra la carne sin espíritu que vive muellemente en Wittenberg…”. El núcleo del argumento de este texto magnífico es éste: “si estuviste presente en Worms ante la Dieta, tienes que agradecerlo a la nobleza alemana, a la que, con toda verdad, has untado el hocico y dado miel. Ella no deseaba sino que tú, con tu predicación, le hicieras regalos bohemios, es decir, los conventos y monasterios que ahora prometes a los príncipes” [2]. Si solo deslegitimamos la posición de Müntzer por la crudeza de su lenguaje nos perdemos la profundidad de la crítica realizada. Si bien es absolutamente falso que Lutero pensaba en la secularización de los bienes de la Iglesia mientras estaba frente al emperador en Worms – ¿es posible no admirar su determinación y valor? -, Müntzer tuvo la suficiente lucidez política como para comprender, muy rápidamente, las consecuencias económicas de las heroicas palabras del monje agustino en 1521.

Poner exclusivamente la atención en la fuerte renovación doctrinal impulsada por Lutero hace que, con frecuencia, desviemos la atención de los intereses que tuvo la nobleza sajona para protegerlo. Como nos enseñó tan tempranamente Müntzer (y, posterior a él, el marxismo), las creencias, aún las más abstractas y divinas, siempre expresan intereses muy concretos y humanos. Alguno podrá objetar que no podemos juzgar a Lutero por las consecuencias involuntarias de su programa reformador. Pero no se trata de defender o denostar una figura: se trata de ser lo suficientemente perspicaz para intuir las modificaciones políticas y económicas que estimulan. Para decirlo de un modo pedagógico y controversial: a las doctrinas teológicas hay que juzgarlas no solo por la veracidad de sus contenidos sino por las consecuencias concretas que producen en las vidas de las personas.

El final de la historia es conocido: Müntzer se suma a la revuelta campesina y es decapitado en Mühlhausen junto a 53 compañeros. A Lutero le quedarían, aún, poco más de veinte años de vida.

 

[1] Bradstock Andrew, “Thomas Müntzer, mystic and apocalyptic revolutionary?” en Reformation, vol. 5, 2000, p. 30

[2] Müntzer, Thomas.  “Defensa bien fundamentada” en Müntzer, Thomas, “Tratados y sermones”, p. 145.